13h47 CET
13/03/2026
Londres, 13 mar (EFE).- En 1966, meses antes del comienzo del Mundial de Inglaterra, el Gobierno británico temía que si dejaba participar a la selección de Corea del Norte en el torneo, esto provocaría un conflicto diplomático con Corea del Sur. En el gabinete se estudió la posibilidad de negar las visas a los jugadores de este país y vetar su presencia en el Mundial, pero la FIFA les amenazó. Si Corea del Norte no jugaba, la Copa del Mundo se iría a otra parte.
Esta historia cobra más importancia estos días, cuando el presidente de Estados Unidos y ganador del premio de la paz de la FIFA, Donald Trump, anima a Irán a no asistir a la Copa del Mundo porque sus vidas están en peligro.
En 1966, Corea del Norte se ganó su presencia en el Mundial casi de rebote. Solo había una plaza en juego para Asia y Oceanía y esta se dirimiría en un grupo de cuatro selecciones: Corea del Norte, Corea del Sur, Australia y Sudáfrica, que no jugaba en el grupo africano. Sin embargo, dos de ellas se cayeron. Corea del Sur citó problemas logísticos para no participar, al cambiarse la fase de grupos de Japón a Camboya y Sudáfrica fue descalificada por el apartheid. Así, Corea del Norte batió en dos partidos a Australia en una sede neutral y se clasificó a su primer mundial, apenas diez años después de su creación como selección.
En este contexto y con los coreanos del norte habiéndose ganado por derecho propio estar en la cita mundialista de Inglaterra, la primera en la casa de los inventores del fútbol, el Gobierno británico temió que tenerlos en suelo propio fuera a dañar sus relaciones diplomáticas con Corea del Sur.
Unos archivos desclasificados en 2010 confirmaron que entre el gabinete británico corrió la idea de no permitir la entrada de Corea del Norte en suelo inglés.
"La manera más fácil de solucionar este problema es rechazar las visas al equipo de Corea del Norte", dijo el ministerio de exteriores británico en un documento privado.
"Sin embargo, si lo hacemos, las consecuencias pueden ser muy graves", advirtieron.
La FIFA había dejado muy claro a la federación inglesa (FA, por sus siglas en inglés), que si un equipo que se había ganado en el campo su participación en los Mundiales no era admitido en el país, se llevarían el Mundial a otro lado.
"Sería un desastre para el fútbol inglés y nos acusarían de mezclar el deporte con la política y de sabotear los intereses de Inglaterra", apuntó el ministerio.
La FA, al ser consultada, les animó a rechazar esta propuesta. "No podemos arriesgarnos a que nos quiten esta Copa del Mundo después de la preparación que hemos hecho estos cuatro años y el problema financiero que generaría".
Como al Gobierno británico también le daba miedo imponer restricciones a los norcoreanos, como que no pudieran escuchar el himno nacional antes de los partidos o izar su bandera, se llevó a cabo una solución intermedia. Solo se tocaron los himnos en el primer partido y en la final. Al menos, la bandera sí pudieron portarla.
Corea del Norte finalmente jugó ese Mundial, y además llegó hasta los cuartos de final, su mejor actuación de siempre en este torneo, eliminando por el camino a Italia, por entonces una doble campeona del mundo.
La historia no quedó solo ahí. Los norcoreanos fueron acogidos en Middlesbrough, donde plantaron su base de operaciones y desarrollaron una estrecha relación con la gente de la localidad.
En 2002, 36 años después de la disputa de la Copa del Mundo, los supervivientes de aquel equipo fueron invitados a esta ciudad de North Yorkshire para revivir algunos de los recuerdos de aquel equipo que pasó la fase de grupos junto a la Unión Soviética y cayó en cuartos contra Portugal, con póker de goles de Eusebio.
"Para mí aún es un acertijo que la gente de Middlesbrough nos apoyara durante toda la Copa del Mundo. Han pasado muchos años y aún no sé la razón", dijo Rin Jung-Son, defensa de aquella Corea del Norte que no volvería a pisar un Mundial hasta Sudáfrica 2010.
Manuel Sánchez Gómez