13h17 CET
13/02/2026
Madrid, 13 feb (EFE).- “El balón es para atacar, no para gustarse”, proclamó Diego Simeone, el entrenador del Atlético de Madrid, a sus jugadores en el entrenamiento del miércoles, cuando perfilaba el plan para recibir al Barcelona, aún oculto el adelanto al medio de Marcos Llorente y ya visibles la figura crucial de Antoine Griezmann, el ataque Giuliano Simeone-Julián Alvarez-Ademola Lookman y la presión lanzada de Koke Resurrección.
“El primer tiempo fue lo que queríamos”, remarcó el preparador argentino, tras el formidable 4-0. Todo estaba medido por el cuerpo técnico. Todo establecido al detalle para la puesta en escena en un partido que todos en el Atlético asumían de suma transcendencia, con la Copa del Rey como objetivo siempre, más aún quizá este curso, entre su distancia de 13 puntos respecto al liderato en LaLiga y a la espera de acontecimientos en la Liga de Campeones.
La ambición del Atlético, que voló con espacios. Lo demostró contra el Betis en los cuartos de final y lo remarcó aún más en el encuentro de ida de las semifinales frente al Barcelona. Lo preparó para eso Simeone, sector a sector, aspecto a aspecto. La profundidad, la verticalidad, la velocidad… A la espalda de la defensa del Barcelona todo es posible, siempre que estén afinados otros muchos mecanismos esencial, como la presión, la precisión y la visión.
La irrupción de Llorente, la presión de Koke
Simeone se guardó una ‘novedad’ para el once. No había probado en ningún instante del entrenamiento del miércoles con Marcos Llorente, ubicado en el lateral derecho en los ensayos. El medio correspondió entonces a Koke Resurrección, junto a Rodrigo Mendoza -ni siquiera tuvo minutos el futbolista fichado en invierno al Elche-. Nahuel Molina tampoco apareció en las pruebas como opción... hasta horas antes del duelo. “Yo también me sorprendí, sinceramente, de ser titular”, explicó el lateral argentino.
“Lo veíamos en crecimiento. La ausencia de Barrios la suplimos muy bien con Marcos Llorente, que jugó un partidazo y la rompió toda. Y Molina nos pudo dar todo lo que tiene, porque tiene unas condiciones ofensivas muy buenas”, expresó después Simeone.
Asumido que “no hay sustituto igual a Pablo Barrios”, baja por una lesión muscular al menos cinco partidos más, el técnico adelantó a Llorente al medio, junto a Koke, para potenciar el centro del campo y la presión hacia adelante sobre la que basó el partido desde el punto de vista defensivo desde el primer instante y durante todo el primer tiempo, cuando el Barcelona salió desde atrás con el balón.
Koke alcanzaba incluso posiciones de ataque en su zancada hacia adelante, bien en la vigilancia de Marc Casadó o bien de Frenkie De Jong, dependiendo de la posición de la pelota y de las circunstancias. Por detrás, Llorente se pegó a Fermín López, tercer hombre del medio campo, mucho más allá, mientras Julián, Lookman, Griezmann y Giuliano también iban a su par para poner en jaque la conexión y la transición del conjunto azulgrana.
La visión de Griezmann
Cada recuperación en campo contrario activó su ataque vertical y profundo, a la velocidad y los desmarques de Lookman, Giuliano, Julián Álvarez...
Y Griezmann, cuya figura fue decisiva, indispensable, para entender todo el ciclón que fue el Atlético en el primer tiempo. Cuarto hombre del medio campo en defensa (el Atlético se ordenó con cinco atrás cuando debió defender posicional), el ataque lo liberó entre líneas, por cualquiera lugar, con una visión de juego que lo hacen diferencial, como su precisión y su facilidad para jugar al primer toque. Indetectable e incontestable.
Entre el medio campo y la defensa del Barcelona, pero también otras veces a su espalda, algunas más con apariciones por la banda derecha y siempre con una influencia capital en el juego que diseñó Simeone para atacar y contraatacar. Ya dio el primer pase de la primera ocasión de Giuliano Simeone a los 2 minutos y 50 segundos. Al primer toque. Todo giró en torno a él, además goleador del 2-0, con una irrupción y un remate suave dentro del área.
Su entrenador entendió cada transición desde su figura elegante y su inteligencia táctica, como factor desbordante entre las líneas. El miércoles ya apuntaba a esa situación, entonces como un media punta o interior adelantado, con libertad para moverse por donde fuera necesario hacia el ataque. La convicción en ello de Simeone fue indiscutible.
Porque Griezmann apenas es titular hoy por hoy en el Atlético. Sin contar los tres encuentros que ha permanecido de baja por una lesión muscular (no jugó contra el Mallorca, el Bodo/Glimt y el Levante por ese motivo), había partido del once sólo en seis de los 20 partidos más recientes, entre ellos el de cuartos de final con el Betis que no iba a jugarlo de inicio, pero una indisposición de Julián Álvarez le reabrió las puertas del once.
El 3-0: 17 combinaciones, 11 jugadores y 49 segundos
El duelo contra el Barcelona era para él. El primer toque de Griezmann, su visión para jugar y ver los espacios, le dio un cambio de paso al Atlético en cada ataque, igual que la velocidad lanzada de Lookman y Giuliano, por la izquierda y por la derecha, respectivamente, preparados para el desmarque con puro vértigo, sobre todo el extremo argentino, siempre en plena ebullición por su banda, cuando subía Molina, Griezmann asistía y él corría, o en rupturas diagonales entre Alejandro Balde y Eric García.
“Pudimos acompañar esa ola de energía que se sentía en nuestro estadio. A partir de ahí, la interpretación del partido fue muy buena. Los cuatro delanteros, Giuliano, Julián, Griezmann y Lookman, interpretaron de la mejor manera esos espacios para romper que el rival provoca por su juego”, repasó Simeone.
El 3-0, en el minuto 33, es una demostración absoluta. La representación perfecta. De juego coral. De un equipo afinado al máximo. Todos sus futbolistas intervienen, sin que por medio haya ninguna intercepción, ni siquiera un mínimo toque del Barcelona. La recuperación es de Llorente. Desde entonces, el balón va de Koke a Lookman, hacia atrás después a Ruggeri, a Hancko, a Musso -en su portería- y a Pubill para volver a empezar.
Después regresa a Koke para la construcción del ataque, hacia el otro lado a Hancko y Ruggeri, de nuevo al capitán y más tarde hacia Pubill, que abre a Molina. El lateral activa el ataque. Su balón por la banda derecha, al desmarque de Griezmann, lo acelera todo. El control maravilloso y el segundo toque de 'El Principito' a la carrera ya de Giuliano son desbordantes. El argentino profundiza, juega hacia Julián Álvarez, que va más allá de primeras hacia Lookman, que convierte el gol con la derecha, también de primeras, entre la apoteosis del Metropolitano. Imparable.
Una secuencia de 17 combinaciones, entre once jugadores distintos, de un lado a otro del terreno de juego, en 49 segundos en los que desborda al Barcelona y construye un gol magnífico.
Desde el envío en largo de Molina a Griezmann, todo se desencadena de forma trepidante: 13 segundos entre el golpeo del argentino, el control y el pase del futbolista francés, la conducción inalcanzable de Giuliano y la conexión con Julián y Lookman.
Los contraataques de Musso
La salida de balón jugado es hoy también un aspecto prioritario para Simeone. No lo fue tanto en el pasado, cuando no le importaba, incluso prefería el saque en largo de puerta en los partidos contra el Barcelona o el Real Madrid, cuando se avecinaba la presión de su adversario. Ahora no es así. Es prácticamente innegociable. Sus frutos están también ahí.
Todo con una precisión quirúrgica. Sin ella, la dimensión de la goleada, cerrada por Julián Álvarez por 4-0 antes del descanso, no habría sido tal. “Los dos balones los perdimos nosotros, no nos los ha sacado el rival”, incidía en ello en la víspera Simeone con sus jugadores cuando comenzó las pruebas en la sesión matutina del miércoles, con un plan que también estableció los mecanismos de defensa y contragolpe, con sumo acierto.
Más allá de la presión, cuando el Atlético se vio superado en el primer pase, se replegó en su terreno para esperar al Barcelona, al abrigo de un 5-4-1. Ahí, entre Llorente y Koke lo barrieron todo en medio campo, con coberturas por momentos de hasta tres hombres sobre el desequilibrio de Lamine Yamal. La primera parte sólo contó dos ocasiones azulgranas sobre la portería de Juan Musso, también el primer atacante en cuanto atrapaba el balón con sus manos.
Ni un solo segundo de duda, todo estaba también diseñado: su saque en largo, con su buen golpeo, hacia la apertura a la banda, bien de Julián Álvarez -él fue el destino en la primera ocasión- o de Ademola Lookman, que controló en la segunda oportunidad que puso en marcha el Atlético a través de esa destreza, esperó la llegada de ‘La Araña’, irrumpió por el otro lado Giuliano Simeone y definió Griezmann en el área. El 2-0 a su favor. Otro golazo.
Iñaki Dufour