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Zarra, dos décadas del adiós de un mito del Athletic y del fútbol español

09h17 CET

22/02/2026

Bilbao, 22 feb (EFE).- El lunes se cumplen dos décadas del fallecimiento de Telmo Zarraonandia, leyenda del Athletic Club y del fútbol español. Veinte años de la desaparición de un futbolista que no solo fue sinónimo de gol, sino que también despertó la admiración en compañeros, rivales y aficionados y que dejó huella por su calidad humana.

Zarra (Erandio/Bizkaia, 1921-Bilbao, 2006) fue el delantero centro de la mítica delantera del Athletic de mediados de los 50 del pasado siglo que completaban Iriondo, Venancio, Panizo y Gainza.

Debutó en 1940, vistió 15 temporadas la camiseta rojiblanca y marcó 335 goles en 354 partidos, un tope histórico vigente durante décadas solo superado en tiempos recientes por Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Ganó una Liga, cinco Copas y una Copa Eva Duarte, antecedente de la actual Supercopa, y fue seis veces máximo goleador de Primera División.

Y con la selección española jugó 20 partidos y marcó 20 goles, ninguno tan recordado como el que logró en Maracaná a Inglaterra en el Mundial de Brasil de 1950. Un sutil toque por encima del cuerpo de Bert Williams que, acompañado por la banda sonora de la narración de Matías Prats, formarán parte para siempre de la historia del deporte español.

Pero la eterna figura de Zarra ha trascendido más allá del fútbol y del deporte. En noviembre de 2022, Adriana Bilbao Zarraonandia, nieta de la leyenda y bailaora, estrenó en el Teatro Arriaga de Bilbao 'Zarra', una obra de danza creada como homenaje y reconocimiento a su 'aitite' (abuelo).

Una fusión de flamenco y fútbol con una gran acogida por parte del público que sigue sumando representaciones, la última de ellas hace unas semanas en Gandía.

"Siempre tuve la idea de hacerle algo y me hubiese gustado que fuese por su centenario, el 2021, pero por la pandemia se retrasó. Fue un proceso de creación muy intenso, pero muy enriquecedor", confiesa Adriana en una entrevista con EFE en su local de ensayo en D8 Sorkuntza Faktoria, en el barrio bilbaíno de Zorrotza.

No tuvo dudas de que la primera pieza de la obra retrataría la deportividad y los valores que representaba Zarra, reflejados en el recordado gesto de renunciar a un gol y tirar fuera el balón al darse cuenta que un rival estaba lesionado.

"Le dieron premios por ello y, aunque al principio no sabía cómo musicalizarlo y transformarlo en danza, quería que saliera. A partir de ahí desarrollamos el resto de la composición del espectáculo", explica.

Adriana tuvo la oportunidad de bailar una de las piezas de 'Zarra' en Sevilla dos días antes de la final de la Copa del Rey de 2024 que ganó el Athletic al Mallorca, pero tiene claro cuál sería su escenario ideal.

"Me encantaría poder hacer el espectáculo entero en San Mamés, en el centro del campo. Lo he intentado, pero todavía no se ha dado la oportunidad", desvela la nieta del mito ataviada con un vestuario cuidado al detalle, con botas de fútbol convertidas en zapatos de bailaora y un traje con rayas en blanco y negro, como las imágenes de la época, mangas sueltas y el '9' en la espalda.

Y fuera del campo, ¿cómo era Zarra? "Muy divertido, le encantaba bailar y era muy gracioso. Éramos uña y carne, teníamos mucha afinidad. Cuando falleció yo ya era mayor, tenía 18 años, pero realmente el recuerdo que tengo de él es como aitite. De pequeña estaba acostumbrada a que le pararan por la calle, pero hasta que no pasa el tiempo no te das cuenta de su dimensión. No solo en el campo, sino también como persona y cómo supo llevar ese peso de la leyenda", explica.

Revela además que su abuelo "sufría mucho" viendo a los leones. "Muchas veces iba a San Mamés y a mitad de tiempo se iba porque se ponía nervioso. Lo disfrutaba y lo sufría a la vez. El Athletic ha sido parte de su vida y así nos lo ha transmitido también a nosotros", confiesa.

Además de a Iriondo, vecino de edificio en Bilbao, Adriana tuvo oportunidad de comprobar de primera mano el cariño que le profesaban otros grandes futbolistas de la época como Alfredo Di Stéfano o Williams, el portero inglés al que batió en Maracaná.

"Vino al homenaje que se le hizo en San Mamés en 1997 y fue muy emotivo el momento en el que se juntaron y el abrazo que se dieron. Era la deportividad hecha persona", resume Adriana Bilbao.

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